viernes, 9 de enero de 2015

LA PRIMERA IGLESIA CRISTIANA EN ARGENTINA SE CONSTRUYO EN PUERTO GABOTO.

Por Profesor Ricardo N. González




La expedición de Sebastián Gaboto que funda el fuerte Sancti Spíritus el 9 de junio de 1527 en la desembocadura del río Carcarañá en el río Coronda (actual Puerto Gaboto, Rep. Argentina) se inscribió en un escenario internacional caracterizado por el intento europeo por romper el cerco que el poder islámico le había impuesto al tomar todos los puntos de unión del tráfico comercial del mundo antiguo y todos los caminos que comunicaban a Oriente con Occidente. Era imposible comerciar entre Europa y la India sin pasar por controles aduaneros islámicos (árabes – turcos). El impulso marítimo de Portugal y España nace de la Necesidad Vital de encontrar caminos alternativos para llegar a Oriente sin pasar por territorio islámico. A éste escenario geopolítico-comercial se suma la situación religiosa. En éste caso la prolongación de la lucha entre cristianos y musulmanes (Islam), dos mundos distintos con potencias imperialistas que se enfrentaron durante la EDAD MEDIA y donde las CRUZADAS fueron sus máximas expresiones. Dominar JERUSALEM se convirtió en una cuestión tan importante que trascendió lo simbólico-religioso para convertirse en una situación estratégica.
En éste escenario la IGLESIA CATOLICA APOSTOLICA ROMANA, aliada y reconocida por las principales potencias europeas, jugaba un rol determinante a la hora de equilibrar el poder entre las Naciones Cristianas y justificar sus guerras contra naciones “infieles o herejes”.
La expedición de Sebastián Gaboto que parte de San Lúcar de Barrameda en abril de 1526 trae consigo a un sacerdote como representante de ese poder espiritual y político que era la IGLESIA. Ese sacerdote era Francisca García. Enrique de Gandía en su obra El Primer Clérigo y el Primer Obispo del Río de la Plata dice en su Prefacio  “Los orígenes del Cristianismo en el Río de la Plata se hallan en la expedición de Sebastián Gaboto (1526-1529),  pues en la de Juan Díaz de Solís (1515-1516), que descubrió nuestro estuario, no consta que haya venido en ella ningún sacerdote”.
Esos orígenes se vinculan al hecho que durante casi 3 años en el fuerte Sancti Spíritus el cura Francisco García celebró misa de manera ininterrumpida, 10 años antes de que Pedro de Mendoza fundara por primera vez Buenos Aires en 1536.

ALGUNOS DATOS DEL PRIMER SACERDOTE CRISTIANO EN ARGENTINA.

Francisco García, el primer clérigo que residió en el Río de la Plata, nació —según sus propias declaraciones— en la población de la Hinojosa, en Portugal, el año 1489, por lo cual tenía, en la época de su viaje a América, treinta y siete años de edad. (Proceso seguido por el Capitán Francisco de
Rojas contra Sebastián Caboto, Archivo de Indias: 1-2-18).

Fue capellán de la nao TRINIDAD de la expedición de Sebastián Gaboto, seguramente como lo decían las INSTRUCCIONES DEL REY confesó y comulgó a los 210 tripulantes antes de partir a la mar.
Participó de todo el viaje y fue testigo presencial de los principales hechos de la ARMADA GABOTEANA. A su regreso a España actuó en esa calidad en varios de los juicios instruídos contra Gaboto. En el Puerto Los Patos (Santa Catalina, Brasil) levantó y cuidó una IGLESIA que costó “dos cuchillos y veinticinco anzuelos” (Archivo de Indias: 41-1-1/12, Relación de Gastos de Enrique Montes).
En el fuerte Sancti Spíritus estableció relaciones con los indios de la región, sobre éste tema sostuvo que “El lugar era sano y pintoresco; los indios mostrábanse de paz y ayudaban a los cristianos, que se sentían tan tranquilos como en España”.
En el río Carcarañá Gaboto había armado un pequeño puerto para sus bergantines y los de Diego García de Moguer (que llegara posteriormente). El pueblo de Sancti Spíritus se componía de unos 20 ranchos de paja y barro para alojar a los europeos y sus mujeres indias. Dentro del real o fortaleza (ubicado en un lugar alto sobre las barrancas) se encontraba la residencia de Gaboto, una especie de “casa fuerte” donde se celebraba la santa misa y se guardaban documentos y materiales preciosos recolectados. Sobre esto sabemos que “Los domingos, lunes y viernes el clérigo Francisco García decía misa en la cámara que Sebastián Caboto tenía en el fuerte, la cual estaba bien adornada con cueros con dibujos en relieve que habían pertenecido a Octavián de Brine, ya fallecido. Todas las noches, en la misma cámara se cantaba la salve y, una vez terminados estos actos, nadie volvía a penetrar en la cámara de Caboto, cuya llave guardaba Gonzalo de San Pedro” (Enrique de Gandía pág. 72).
He aquí la prueba de que en el FUERTE SANCTI SPIRITUS, actual Puerto Gaboto, se levantó la PRIMERA IGLESIA CRISTIANA en el territorio ARGENTINO, su primer cura fue el portugués Francisco García. Con la llegada de la expedición de Diego García de Moguer a Sancti Spíritus en 1528 se sumaría otro cura, el padre Francisco de Lemos.

Para terminar éste artículo quiero dejarles el testimonio de padre Francisco García que explica cómo se perdió el fuerte Sancti Spíritus ante el ataque de los indios. Es sumamente importante no solo por los datos que aporta sino porque muestra su existencia en el lugar de los hechos.
«Luego queste testigo —dice Francisco García— oyó la grita de los yndios, salió de su casa con una vernia al brazo e una espada en la mano e fué hazia la fortaleza e por muy presto queste testigo fué, halló al capitán Caro que venía con quatro o cinco hombres a la mitad del camino de la
fortaleza y los bergantines, e que iban muy de presto hazia los bergantines e dando voces ¡A los bergantynes! , e queste testigo dijo quando allegó al capytan Caro:
«Señor, volvamos e Resistamos estos bellacos ques grande esta vergüenza ».
«E quel dicho capytan Caro no le Respondió palabra, salvo que caminó hazia los bergantynes e que Castillo, questava allí, dijo:
«Bueno está. Señor, hagamos cara».

Francisco García tomó la delantera para volver a la fortaleza, pero en ese instante le dieron un flechazo en el pecho que, por fortuna, no lo hirió gravemente. García vió que un indio con un hacha encendido ponía fuego a la fortaleza y que el capitán Caro y sus hombres se hallaban lejos, cerca de los bergantines.
Entonces, a pesar de que los indios estaban cada vez más fuertes, volvió a su choza, «a salvar un muchacho que tenía en su casa que le servía, que era paje de la carabela desta armada...».

Luego el cura García y el muchacho corrieron hacia el río y entraron en el bergantín en que estaba Gregorio Caro. Todavía no se había despegado de la costa el bergantín, cuando el alguacil mayor Alonso de Peraza y algunos otros conquistadores ,dijeron:
«Tornemos a saltar en tierra e defendámosnos de los yndios que no son nada, ni tienen ya flechas que nos tirar».

El clérigo García y otros tres o cuatro españoles saltaron del bergantín  al mismo tiempo que otros tantos que se hallaban embarcados en el bergantín de Diego García imitaban su actitud y se lanzaban todos en contra de los indios; pero Gregorio Caro, en vez de salir a luchar contra los salvajes, «se largó con la barca» por el río abajo. En cuanto al cura Francisco García él mismo nos cuenta que cuando los indios estaban por matarlo se arrojó al río «e pasó a nado el Carcarañá e fué al Río grande tras la barca, dando voces que lo tomasen»

Pero Gregorio Caro y los demás tripulantes del bergantín se hacían los sordos, hasta que
García, después de correr largo rato por la costa, se encontró con el tesorero Alonso de Santa Cruz y ambos, «con la agua fasta la garganta» pudieron salvarse alcanzando el bergantín que se alejaba cada vez más del lugar de la catástrofe.

Sebastián Gaboto, que no estaba en el fuerte cuando fue atacado por los indios, recibe las noticias en San Salvador y organiza una expedición hasta el Carcarañá para ver de cerca lo sucedido.
El cura Francisco García no volvió con Gaboto a Sancti Spíritus: quedóse en San Salvador a curarse de sus heridas ; pero más tarde oyó decir que la fortaleza había sido destruida y que ninguno de los conquistadores refugiados en ella se había salvado.
Después de tomar declaraciones a los sobrevivientes Gaboto y Diego García resuelven retornar a España. En San Vicente, durante el viaje de regreso, se produce una seria discusión entre el cura García y el Capitán General. El cura se niega a embarcarse y espera la nave de Diego García (también portugués) y en ella llega a España en 1530. Y allí entre discusiones, acusaciones, juicios y pleitos se pierde su historia para los documentos oficiales. Desconociéndose su destino.

Al igual que Enrique de Gandía es mi profundo deseo y hago votos para que:
“… algún día tanto las autoridades civiles como eclesiásticas y las Instituciones científicas de nuestra Patria, levanten en el lugar donde existió el antiguo fuerte de Caboto, destruido por los indios, un sencillo monumento recordatorio que diga a las generaciones futuras que en la boca del Carcarañá se erigió la primera iglesia de la Argentina y existió la primera población del Río de la Plata”.


Fuentes

Medina José Toribio: El veneciano Sebastián Gaboto...

Gandía de, Enrique: El Primer Clérigo en el río de la Plata.
Soler Amadeo: Historia de Puerto Gaboto (siglo XVI)
González, Ricardo: Puerto Gaboto, génesis y desarrollo histórico-social del Primer Pueblo Argentino


sábado, 3 de enero de 2015

Conociendo un poco más a SEBASTIAN GABOTO (Prof. Ricardo González)



SEBASTIAN CABOTO
Seguramente habrá quienes se sorprendan y comenten que hay una equivocación en el título del presente artículo. Que no es Caboto sino GABOTO el apellido del fundador del Fuerte Sancti Spíritus. Polémica que nunca va a terminar, pero valga mi aclaración: tomo el apellido Caboto siguiendo a su biógrafo italiano Francesco Tarducci quien manifiesta que “ésta forma es casi la única que se empleó en los documentos españoles oficiales de su tiempo, cambiándola en pocas ocasiones en Gaboto, que fue como escribieron éste apellido Fernández de Oviedo, López de Gómara y Herrera” (Tarducci F: Juan y Sebastián Caboto, Apéndice I, págs. 313-314).
Podemos afirmar que Sebastián fue el segundo hijo de Juan Caboto (según letras patentes del 5 de marzo de 1496 otorgadas por el rey inglés Enrique VII donde aparecen mencionados sus hijos) y de doña Ana (sin registro de apellido), siguiendo los documentos surge que Juan Caboto era de origen genovés y que fue naturalizado como ciudadano de Venecia por decreto del 28 de marzo de 1476. Recordemos que Génova y Venecia en el siglo XVI eran reconocidas como las REPUBLICAS MARITIMAS, eran verdaderos imperios comerciales y marítimos de gran alcance.
Para más datos “La República de Génova estableció con una estrecha alianza con Imperio Bizantino, cuyo control territorial ya era muy reducido y se limitaba apenas a la región de Constantinopla y las islas del Egeo. A mediados del siglo XIV, varias familias genovesas establecieron acuerdos con los emperadores bizantinos en virtud de los que obtuvieron el dominio de varias islas: Tasos, Samotracia, Lesbos, Quíos, Samos… así como algunos fuertes en tierra firme. Durante el siglo XVI, Génova se convirtió en un Estado satélite del imperio español, dominante en el Mediterráneo occidental”. Estas alianzas la transformaron en un Estado Referencial a la hora de emprender cualquier actividad naviera-comercial, ya sea por sus conocimientos como por su calidad de hombres de la mar, como por sus riquezas que financiarían las expediciones.
Por su parte “La República de Venecia tuvo la mayor extensión territorial de las cuatro repúblicas marítimas y fue la que duró más tiempo, hasta el siglo XVIII. Su base era la ciudad de Venecia, construida en la Edad Media sobre varios islotes en una laguna en el extremo norteño del Mar Adriático. La flota mercante veneciana fue convirtiendo la ciudad en uno de los poderes fácticos del Mediterráneo Oriental y en un factor clave en las Cruzadas. Controló el Mar Mediterráneo y el Egeo casi completamente hasta 1796 año que Napoleón Bonaparte la anexó a su Imperio”.
No debe extrañarse el lector que muchos buenos navegantes europeos de finales del siglo XV y siglo XVI pidiesen ser ciudadanos de éstas verdaderas potencias marítimas, ya que ello les aseguraba organizar expediciones, trabajar y hasta tener un prestigio y reconocimiento de sus pares. En algunos casos, como el de Sebastián Caboto, ser requerido para servir a otras Coronas Europeas (Inglaterra y España) a partir de sus antecedentes. Los Estado Marítimos de Génova y Venecia tenían en claro que su poder radicaba en la cantidad de riquezas de que dispusieran por eso cada expansión era medida en términos empresariales, no tanto políticos y menos aún del orden social.
Así encontramos como el padre de Sebastián Caboto cambió su ciudadanía en 1476. Vivió en Venecia, donde trabajó de marino, durante 15 años y allí se casó con una veneciana de nombre Ana (desconociéndose su apellido) de donde nació Sebastián el 20 de enero de 1479. Hacia 1490 realizó un viaje a Arabia, desde donde trajo la noticia de cómo llegar a las Islas de las Especies por el Norte. Recorrió las Cortes de Portugal y España buscando apoyo para éste viaje pero no lo logró, recordar que en ese momento Cristóbal Colón estaba descubriendo el Nuevo Mundo y los portugueses ya tenían su ruta a las Especies vía el sur de Africa. Se trasladó a Inglaterra en 1495 junto a su familia radicándose en el puerto de BRISTOL, principal puerto inglés de la época. Según José Toribio Medina (escritor chileno biógrafo de Sebastián Caboto) “Juan Caboto vivió, desde su llegada a Inglaterra, ocupado de su profesión de marino, y solicitó en 1496 y obtuvo del rey Enrique VII, letras patentes que le autorizaban a él y a sus hijos Luis, Sebastián y Santos, organizar viajes para descubrir islas, países y regiones del mundo desconocidas para los cristianos”. Juan armó una nave y realizó su primer viaje en 1497 descubriendo tierras en la península del Labrador (actual Canadá). Es reconocida su exploración del norte del continente americano. “Caboto partió nuevamente de Bristol con un único barco, el Matthew, un pequeño barco de 50 toneladas y con 18 tripulantes, pequeño pero rápido y capaz. Zarpó en mayo (el 2 o el 20 de mayo) de 1497 y navegó a cabo Dursey (latitud 51° 36N), Irlanda. Arribó a la costa de Terranova el 24 de junio de 1497, creyendo que eran las costas asiáticas de Cipango. El lugar preciso es controvertido, con Bonavista o St John's en la isla de Terranova y también isla de Cabo Bretón, Nueva Escocia, Labrador o Maine. El cabo Bonavista es el lugar de arribada reconocido oficialmente por los gobiernos de Canadá y el Reino Unido. Sus hombres pueden haber sido los primeros europeos en poner pie en América del Norte desde los vikingos, ya que Cristóbal Colón no encontró tierras continentales en Sudamérica hasta su tercer viaje, en 1498, y las cartas que hacen referencia a un viaje de Vespucio en 1497, en general, se cree que son falsificaciones o falsedades. Caboto fue a tierra para tomar posesión de la misma y exploró la costa durante algún tiempo, partiendo el 20 de julio de regreso. En ese viaje, sus marineros pensaron incorrectamente que iban demasiado alejados al norte, por lo que Caboto navegó un curso más al sur, llegando a Bretaña en lugar de Inglaterra, y el 6 de agosto volvió a Bristol. Los descubrimientos de Caboto fueron la base para vindicaciones inglesas sobre Norteamérica”.
Hemos visto más arriba que Sebastián Caboto nació en Venecia, de madre veneciana. Que en los documentos se habla de que eran tres los hijos de Juan Caboto: Luis, Sebastián y Santos. Con respecto a su madre (de nombre Ana) no se tiene más datos ya que ni su esposo Juan, ni su hijo Sebastián la nombran en sus testamentos. Con respecto a Sebastián se sabe que en Inglaterra tuvo una hija de nombre ISABEL (fallecida en 1533), desconociéndose datos de la mamá de ésta. Este dato se desprende del testamento de William Mychell extendido en Londres el 20 de marzo de 1516 donde se expresa lo siguiente: “Dejo a Elisabet, hija de Sebastián Caboto….”. Según el historiador Harrisse, Mychell era el padrino del Isabel Caboto (John and Sebastian Cabot, pág. 380). Se supone que Sebastián Caboto enviudó y se trasladó a España en 1514 donde el 5 de febrero de 1518 fue contratado por la Corona de ese país como PILOTO MAYOR. Hacia 1523 se encontraba casado con otra viuda, llamada Catalina Medrano (quien falleció del 2 de setiembre de 1547). Esta había enviudado de Pedro Barba con quien había tenido una hija llamada Catalina como su madre. Al parecer no tuvo hijos con ésta, lo que sí se sabe es que el 25 de octubre de 1525 (mientras preparaba su expedición a las Molucas) consiguió mediante cédula real que de su salario de Piloto Mayor, se destinaran 25000 maravedíes anuales vitalicios a su “mujer” Catalina Medrano.
El 11 de mayo de 1548, antes de partir de España, Sebastián Caboto otorgó su testamento. Documento que instituye como heredera de sus bienes a Elvira Peraza (sobrina de Catalina Medrano comprometida con Cristóbal de Medina). Se marchó primero hacia Alemania donde se entrevistó con Carlos V donde reclamó sueldos atrasados y luego se dirigió a Inglaterra.
He aquí una pequeña confidencia que quiero dejarles. Sebastián Caboto se casó con Catalina Medrano, viuda de Pedro de Barba. Este era sobrino de María Cerezo quien fue la esposa de Américo Vespucio (Piloto Mayor de España y al que se debe el nombre de nuestro continente americano). Por lo tanto el matrimonio de Caboto con Medrano, en segundas nupcias, acercó a Caboto a la familia Vespucio. Un matrimonio muy conveniente y auspicioso para las ambiciones de Caboto al permitirle entablar amistad con navegantes importantes de su tiempo. Es decir le abrió las puertas a la élite de navegantes y cosmógrafos europeos de ese momento. Primer paso antes de ser nombrado PILOTO MAYOR DE ESPAÑA.